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26/5/10

Los Contornos

“Muy bien, ahora que estás a punto de ser, ¿qué podés darme?

“Por dentro oigo otro. Te oigo. Te he oído desde siempre, suplicando por existencia. Y hoy, que puedo dártela al fin, tus ansias deben ser mayores que las mías.

“Me aferré toda una vida a la fe, pero ya no. Toda tristeza es limitada por muerte y no por fe. Sólo por muerte. Este otro ser que siempre sentí y hoy porto… creí que era fruto de esa fe, pero ahora veo que es semilla de esa muerte, acaso liberadora, no lo sé.

“Pero ¿es muerte si se deja un cuerpo, sangrante también, pero en recorrido inverso, hacia la vida? Cuerpo, cuerpo y nada más, sólo cuerpo, es muerte.

“Pero aquí habrá dos cuerpos, dos sangres y dos llantos como una línea divisoria; y de cada lado, un alma.

“Me vestiré de eterna a media respiración, a medio grito, a medio parpadeo. Sólo se trata de ir cediendo el nicho en que se vive, uno tras otro, para que todos podamos entrar en la existencia.

“Ahora experimentalmente la muerte va dejando de ser para mí un punto final, pequeño por lejano; ahora que entiendo que es una línea, un trayecto. Probablemente mi muerte haya comenzado antes que mi existir. La muerte es un lento llegar que dura, al menos, toda la propia vida. ¿Por qué no creerla comenzada incluso antes? O, más extensa todavía: nunca comenzada.

“Recuerdo haberme sentido irritada desde joven por esa idea impuesta, según la cual la muerte sería el peor de los males y todo mal menos sufrido por evitarla sería justo y necesario. ¿Qué puede importar ella si, una vez terminado el proceso, hasta la misma muerte muere y ya no se puede ni sufrir? Solía preguntarme si la vida debería tener valor por sí misma, o sin son las condiciones en que ésta se desarrolle las que, según el caso, deberían tenerlo. Nos han enseñado (padres, amidos y demás) a ver la muerte como un demoño. Hoy me cuesta no entenderla como santa, venida a salvarme del camino que lleva a ella. Todo lo que he pensado durante estos últimos meses le ha estado dedicado a ella o a su par complementario, su contraparte, el nacimiento.

“Me he sorprendido gratamente al ver que no han llegado los miedos con ella a abrigar todo dolor, a revitalizarlos y abultarlos. Por el contrario, la vida pierde relevancia. Todo lo que había va perdiendo peso. El remordimiento y el orgullo quedan inevitablemente atrás. Ante la ausencia de futuro, ¿qué puede importar ya el pasado?

“Sos infinita y esto que experimento es sólo un pedacito, ¿no? ¿Cuál es tu real poder?

“Te siento abrazándome a mí, casi sin tocar mi cuerpo. Existe. Existe aún… pero yo, no sé. Siento tu abrazo, limpiándome de existencia, sólo van quedando mis restos descascarándose sobre tus brazos. Todo mi relleno mental se deshace muy lenta y dudosamente. Mi costra y el otro, el otro en mí, resisten; creo sentirlo.

“Ya no tengo ni mis más atómicos mieditos ante la inexistencia. Es que ya la siento tan parte de mí como su antónimo. Ya no me limita el miedo a no soñar más. Creo que pronto me encontraré o me olvidaré.

“Yo, que hasta hoy me tenía por sencilla y finita, me sumerjo en tu substancia. Mejor dicho, en tu ausencia total de la misma, inmutable e infinita. Siento que contamino ligeramente tu no-ser milenario. Pero soy un puñado de tierra frente a un inmenso mar, no hay chances reales de ensuciarte con mi realidad. Tu apacible vida en el plano ideal no corre el más mínimo riesgo conmigo ni con nadie. ¿Acaso los mares serán llenados algún día con los sedimentos que los ríos les arrastran? Ya me voy sintiendo parte de tu gran poesía. Mi género es absorbido por el tuyo; pierdo identidad mientras descubro placer en ello.

“El otro en mí, en simultáneo, escapa hacia la existencia, hacia sentir el mundo. El otro en mí atraviesa mi portal mientras yo atravieso el tuyo. Quizás esté naciendo yo también. El otro en mí fue mi pasaje hacia el portal de la inexistencia. Yo soy el suyo hacia el de la existencia. Intuyo que soy sólo eso. No somos madres. No somos madres sino caminos. ¿Qué sentirá el otro en mí cuando al fin se reconozca como quien me condujo a la muerte? ¿Se sabrá sendero o pueblo abandonado? ¿Me tendrá por caminante pisoteándolo, por camino guiándolo o por punto de partida?

“Es de madrugada para él. Tal vez lo escucho llorar. Es el ocaso para mí. Anochece, concluye un atardecer de años y me voy sumergiendo en una absoluta oscuridad sin luna ni estrellas. Soy parte de este telón negro que me separa de todo. Siento las últimas señales del otro, perdiéndose. Veo el brillo de sus ojos minúsculos, de este lado del telón invisible. El otro en mí. Soy cosa ya, soy eterna ya. Temo haberlo arrastrado conmigo y soy cosa y eterna ya.”


24/5/10

Habitación.

Poco a poco vas olvidando que esos pasitos y esas reverberaciones son tus padres. Quienes entran furtivamente en tu habitación para hacerte la vida más amena son personas, son un padre y una madre, portan una personalidad y una significación específica para vos. Pero distraídamente lo vas olvidando. Ya no los percibís a ellos, percibís pasos, murmullos, respiraciones, platos apoyándose contra la madera, la manija de la puerta girando. Ya no son ellos, son sólo su imagen, son sólo una tenue impresión sensorial.

¿Pero no lo han sido siempre? ¿No ha sido el mundo siempre sólo la impresión sensorial que de él nos llega, “la superficie coloreada de las cosas”? Tal vez, pero esta visión meramente teórica se torna ahora en vos una realidad agobiante. Ya no es un supuesto frío, es tu padre y es tu madre desvaneciéndose en tu conciencia, convirtiéndose en la mera causa detrás de ciertos síntomas, simples fenómenos físico-químicos invisibles en sí. O, peor, entes abstractos.

Entran con cierto sigilo y realizan todo aquello (que jamás percibís de forma directa y que sólo deducís una vez que las huellas de su accionar quedan a solas con vos), realizan todo aquello que juzgan necesario o que en apariencia podría resultarte justo o provechoso. Entran y salen maquinal o animalmente, como autómatas renuevan tu agua, tu alimento, y secan la cama. Nunca los ves, no podés saber si ellos lo hacen.

Y lo que hay o había de personas, de seres vivos, de alma y mente en ellos se sigue perdiendo. Impersonales. Ya no tenés conciencia más que de sus pesos y velocidades aproximados, ocasionalmente de algún accesorio. Ninguna pista queda de sus sensaciones, sentimientos, ilusiones, distracciones. Olvidás o ignorás qué los moviliza y dejás de preocuparte por recuperar ese conocimiento, perdiéndote en los 20cms cuadrados de tu cráneo. Ellos son ahora como una llovizna, una puesta de sol, el crujir solitario de un mueble, la caída de u fruto, el paso de las estaciones, el movimiento de las placas tectónicas. Sólo muy ocasionalmente recuperás algo de tu antiguo estado mental y observás tus cambios en segunda persona, entrándote una mezcla rara de nostalgia, desesperación y expectación. Te preguntás también en esas situaciones cómo te percibirán ellos. ¿No sería lógico que te sientan también como una mera manifestación inanimada, un mueble más en tu propia celda? ¿Estarían también perdiendo toda empatía por vos?

En estas ocasiones solés sentir la necesidad enorme de gritar, levantarte de un salto y recriminarle al mundo por haberte olvidado, o pedirle perdón por ello. Y ser recibido con gozo por tus padres. Pero lo cierto es que nada de eso podés hacer, y bien lo sabés.

De todos modos, estos episodios de plenas facultades mentales pasan rápido, por lo que la angustia (esa particular angustia) dura poco. ¿Cuándo fue que perdiste pie y caíste de la realidad por primera vez? ¿Fue antes o después de estar así? ¿Cuándo fue que perdiste definitivamente la batalla y ya no quisiste o pudiste aferrarte a nada, apoyarte en vos mismo, en alguna suerte de lógica o en algún recuerdo (aunque estuviese terriblemente distorsionado) para asomarte un poco más a tu antiguo Vos, del que puede que solamente queden las fotos de la pared que ni siquiera podés ver? Puede que tu foto no esté ahí ya, puede que tu foto esté ahí y vos ya no seas como ella en ningún aspecto, puede que las secuelas hayan sido ínfimas, puede que no haya habido cambio físico alguno. No sabés. Ni siquiera sos capaz de preguntarte si nos abés por no poder o por no querer. La ciclicidad a tu alrededor, ¿en qué medida te aterra y desoriente? ¿Y en qué medida te reconforta, te resulta cómoda y gratificante?

¿A qué ciclicidad te uniste, a la de la máquina o a la del animal? Tenés la suerte (entendible por otra parte como desgracia, no lo niego) de ir olvidando tu pasado. Cuanto menos puedas comparar tu hoy con tu ayer más a salvo vas a estar de la infelicidad, y el conformismo te será más sencillo.

En tu condición actual ya empezás a entender, a tener la certeza de que el conformismo es la felicidad máxima o única, empezás a forzarte a olvidar todos esos valores negativos q los que él suele venir asociado. A los que solía venirte asociado.

Ahora que sólo tu existencia es certeza para vos (como mísero espacio de acción de tu mente enclenque), ahora que pasás tu días y tus noches (sin distinguirlas claramente) exclusivamente con vos mismo, ¿qué relación guardás con tu propia presencia? ¿Sos amo de tu Estar? ¿Sos esclavo de tu Ser? ¿El destino te encadenó a vos mismo o te liberó de todo lo demás, de “la superficie coloreada de las cosas”?

Te fuiste sintiendo más y más a gusto con la compañía de tus muebles, que apenás adivinás. A tus muebles, a tus paredes, a la ventana, sus tablas de madera y sus clavos, todos imperceptibles y sin percepción. ¿Y la vez aquella en que alguien subió con su mascota hasta la puerta de entrada? ¿Recordás qué sentiste? La respiración agitada y entrecortada, la paciencia y la impaciencia, el presente. ¿Recordás la fuerte empatía que sentiste por él, por los ruidos apagados que de él te llegaban a través de tu puerta cerrada? ¿No despertaste exaltado por unos segundos cuando su ladrido quedó retumbando entre las paredes altas y el techo, esa caja de resonancia minimalsta y ascética envolviéndote como un útero gigante?

Ese perro, sentiste, eras vos. La sensación apresuradita que te llegaba de tus padres periódicamente ya sólo podía iritarte. Son nada más que pequeños intrusos en tu intimidad, la escoria remanente de otras conciencias y momentos produciendo un efecto comparable al sonido agudo de un insecto oscilando en la oscuridad cuando sólo se desea dormir.

Casi podrías afirmar (si estuvieses en condiciones mentales de afirmar algo) que el mundo entero, es decir, lo poco que de él llega hasta vos (que, descontando la casi perpetua percepción de vos mismo, es Todo lo que existe) se ha convertido en ese insecto, en su zumbido picando en las orejas en temer que esté ahí sólo para chuparte la sangre.

Pero en realidad apenas tenés una muy ligera noción de que estás sintiendo esto, ¿no? Te sentirías horrorizado, probablemente, si fueses plenamente conciente de esta especie de egoísmo para con ese contenedor imprescindible de tu vida que es el mundo.

A veces, en tus raptos de entendimiento, llegás incluso a preguntarte por tu existencia: “¿He existido en el lapso entre esto y aquello? ¿Ha existido tal lapso? ¿Puede existir un lapso (o lo que fuere) si no estoy ahí para percibirlo? ¿Si me olvido, aunque sea sólo sea por unos segundos, de mí, existiré a pesar de ello? Ahora mismo que nada sé de los colores que me decoran ni de mis sabores, texturas o temperaturas, ¿poseo esas características o, por el contrario, soy pura y exclusivamente estos pensamientos presentes en devenir constante?”

Esta especie de ceguera, esta imposibilidad de movimiento físico y también mental ha ido haciéndote mutar. Viviendo inmerso en tu eterna oscuridad dudar del mundo se hace mucho más fácil. El existencialismo más extremo se hace carne.

Creo que los desiertos y ascetismo han sido en varias ocasiones de la historia de la humanidad propicios para la filosofía y la religión. Fecundos para el desarrollo espiritual, para la fe en que la verdad es “invisible a los ojos”, para la conciencia (o ilusión) de pequeñez, para concebir un cielo, un edén, un futuro, un nivel extra de realidad de las cosas, un alma. Algo más que lo comprobable, más bueno que lo real, más bello que lo real, más trascendente que lo real, más real que lo real. Tu oscuridad interior, ¿no es tu ayuno eclesiástico, tu desierto egipcio o noche pampeana?

Si salís algún día de esa especie de capullo, ¿en qué te habrás convertido? Y luego, ¿cuánto perderás de ello? Pero ahora nada de esto podés concebir.


26/1/10

Cuaderno de Arte y Demás 2009-2010 - 4: Una Ella




La siguiente es la ilustración que menos merecería figurar en esta "serie" (aunque algunos finos hilitos la unen...).

Éstas dos fueron hechas bajo la influencia de la música de Radiohead (del disco Kid A, si no me equivoco).


"Y tus piernas cada vez más largas saben que..."

Y éste quizás hable más de otra Ella (el rocío mencionado en el texto colorinche semi-ilegible del posteo anterior).

Sigue la unión Texto-Imagen (y el dejarse llevar conscientemente por Radiohead, esta vez por Ok Computer):
El texto siguiente (I.D.E.A. nº 98) no pertenece al Cuaderno, pero está íntimamente relacionado con lo expresado en él:

El turista, turista de almas ajenas:- ¿Soy o Estoy?

Soy pasajero, soy pasajero y mis acompañantes no lo saben. Me creen compañero de vida. Pero no… no veo Vida, una Vida. Veo vidas como en un videojuego, personajes que vienen y se van, sólo uno viene y viene y no deja de volver. Se repetirán escenarios, personajes, risas y dificultades algunas veces o ninguna, pero tarde o temprano cambiará el nivel, cambiará el paisaje, y el que no esperaba mi huida me verá desaparecer.

Las garras de quienes me han querido han querido siempre, aunque sea muy, muy tenuemente, retenerme. Nadie espera la desaparición de un depositario de sentimientos. Ella ¿la espera? ¿Soy uno de esos depositarios, de qué magnitud?

Soy un pasajero de pasada, dando un pequeño saltito, no pasando ni una noche, y ella ya me ha estado preparando casa, habitación y almohada en las pampas de su pecho.

No vengo a sembrar tu terreno, sólo a pasear por él, quizás a ararlo. No estoy dispuesto a cosechar. La posibilidad de Frutos, más bien, me horroriza. Me horroriza la posibilidad de consecuencias, de permanencias, de status. Me horroriza tener que ceder para gozar.

Temo por mí, por mi existencia. Como si anclando se fuese menos barco, se fuese isla, terruño de otro, refugio de otro. No dejo (en amor, en arte) serme hogar. La identificación del otro conmigo, su abrazo, es una jaula. Y cuando una jaula está alrededor, dejando ver el paisaje detrás, nada se vuelve más interesante que él, sea este el paraíso más bello o el desierto más horrible.

Alternativamente he deseado paraísos pululantes de multiplicidad de seres diversos y he deseado desiertos vacíos y austeros. La vasta soledad, con algo de doloroso peso. Ese es mi deseo hoy. Es la reacción de mi organismo ante las jaulas del amor, de la amistad, de las parejas, las salidas: es mi huída de los convencionalismos. A más amor, menos uno.

Toda sociedad es un ceder libertades, realidad, en pos de adquirir los beneficios de la manada. A más intensa la necesidad del otro, más débil la identidad individual. Por eso, para un artista, nada más doloroso que el compromiso, el amor, la necesidad absoluta de Otro. No se puede estar eternamente atado a un ideal político, a un movimiento (salvo uno fugaz, finito), a un ser (demasiado con tenerse eternamente a uno mismo).

¿Cuál de todas las uniones entre Yo y Algo/Alguien es la más intensa, más inevitable, necesaria, adictiva? Debo, claramente, alejarme de ella, ante todo.



Más de este Cuaderno: 1, 2, 3.

21/1/10

Cuaderno de Arte y Demás 2009-2010 - 3: Popurrí

Una sinfonía de sentidos.

De eso se trata, hoy, en gran medida, mi obra. También creo, buena parte de la “poesía” rockera.

No envío mi mensaje (su Cómo, su manifestación sensible) en función de otro mensaje externo a él (un Qué traducido al lenguaje de las imágenes). O sólo lo hago ocasionalmente.

Mi figuración (y otras, o al menos mi modo de percibirlas) no es narrativa (como la pictórica pre-renacentista, renacentista y demás) ni descriptiva (como casi todo retrato o paisaje), al menos no principalmente.

Mi figuración obra mediante las estructuras de la pintura abstracta: un diálogo entre las partes que no necesariamente pretende decir algo más que sí mismo, más bien pretende despertar en el receptor ideas, sentimientos, sensaciones, en parte implícitos (pero no tanto en los elementos representados en sí, sino en sus relaciones con el receptor, con la cultura general y con los otros elementos del cuadro).

¿Qué son los cuadros abstractos? Un conjunto de estímulos psicológicos. Yo, de modo similar, trabajo con el conglomerado de significaciones a que vienen atados los diferentes elementos, texturas y demás. Estos emanan y se interrelacionan, vibran y distorsionan las vibraciones de las demás. Y, accesoriamente, narran y describen, no lo niego, lo relego.








En la mesa no había más que una familia, pero (como muy de vez en cuando sucede) medio desnuda. Desde una de sus bocas se vertían litros de dolores y secretas construcciones mentales a través de gritos de ahogado, ahogado por toda una vida (una Eternidad). Ahogado, eso no impidió jamás aguas cristalinas y luz solar maravillosa aunque menguante.

Vi, expulsados de cada uno de sus poros, incoherentes ruegos y órdenes como una gran lágrima turbia. Y vi, en respuesta, lágrimas como paredes acorralando al diálogo. En el medio, emitidas con arrogancia desde los otros dos personajitos (yo soy uno), simulacros de razonamientos, alternativamente como banderas de la paz o como estrategias bélicas.

Una vez más, todos esos vapores malolientes, esos sudores rancios, esa sangre vertida, escaparon. Una vez más los dejamos escapar o, mejor, los condenamos al exilio. Volvimos así, una vez más, al simulacro vital/cotidiano de familia/ser-humano tipo (esto incluye problemas, pero intrascendentes).

Las mascaritas en su lugar de nuevo, y a continuar jugando (de mentiritas) al olvido.


Un intento muy tenue de darle un valor un poco más de Imagen a uno de mis tantos textos.

La parte izquierda de la imagen siguiente fue influenciada por la música de Café Tacvba (probablemente por "Cuatro Caminos" o, a lo sumo, "Vale Callampa").
Más textos e ilustraciones de este mismo cuaderno: ACÁ y AQUÍ.

21/9/09

Sobreviviente

Había llegado el momento, lo había decidido. Sus neuronas morían poco a poco, a ritmo cada vez más acelerado, y tal tendencia de seguro continuaría. Sus oídos, absolutamente inútiles, ya no le permitían componer más. Su vista y su pulso fallaban también, desgastados por los años. Y no le quedaba mucho que ofrecerle a ninguna mujer, por lo que ninguna tenía nada para ofrecerle a él. No, orgulloso como era, escogió evitar la decadencia y acelerar lo que de todos modos era inevitable. Pasó semanas deliberando intensamente (o en realidad toda una vida haciéndolo, pero ahora con mayor rigor), descartando y sugiriéndose opciones. No elegiría el gatillo, el tren, la soga ni la navaja, no. No podía redondear su vida con algo tan banal, tan común. No él, que se sabía a alturas tan inconmensurables. Siempre había fantaseado con volar y quizás esta fuese su oportunidad. Pero… ¿Era conveniente dejar un cuerpo destrozado? ¿No sería mejor fomentar un funeral magnánimo? Muchos asistirían, sin duda. Todos esos noticieros ligeros lo rodearían al fin de elogios, anécdotas inservibles y musiquitas delicadas, arrastrando a algunos al borde de su ataúd. Imaginó un colosal cortejo, a toda la ciudad movilizada, marchando en su honor al son de alguna oda improvisada por alguno de sus colegas amigos. Supuestos amigos. Se preguntó por su presencia en los medios internacionales, o en los futuros libros de historia, o en el inconsciente colectivo de las sin duda lamentables futuras generaciones. No supo si soñar con vivir en ellas, o con su destrucción. El ego o el bien, esa duda que siempre lo sobrevoló. Volvió a pensar en su fin. ¿El ego o el bien? ¿La muerte grandiosa o la útil? Se vio arrojándose vivo a las fauces de algún animal hambriento, o como futuro abono de tierras salvajes. Las ordas de seguidores egoístas no le permitirían destinos de esa índole. Si deseaba algo así debería llevarlo a cabo secretamente. Resignarse a la gloria. Hacerse desaparecer, sembrar dudas ¿Convertirse en mito? Entonces tal vez no fuera necesario resignarse a los pedestales, tanto de cara al pueblo, como ante la verdad absoluta. Sí, sería un gran fin. Tendría que hacer todo perfecto. Ni un error. Tediosas semanas de estudios meticulosos le tomó planear cada detalle. Terminado ese período, lentamente todo empezó a terminar. Fue sembrando sus palabras póstumas en los sitios precisos, cargándolas de distraídos simbolismos y gran capacidad de reinterpretación. Disimuló deseos. Fingió futuros distintos del que de antemano conocía. Luego, orgulloso de sí mismo (como siempre, o posiblemente más que de costumbre) marchó a la que sería su tumba. Dejaría en absoluto secreto a su cuerpo pudrirse paulatinamente a los pies de todos esos árboles moribundos, con la esperanza de alimentarlos un poco. Alimentarlos a ellos, a las bestias que se aproximarían, y a las mentes que lo idealizarían, convirtiéndolo en dinero o discursos. Desaparecería misteriosamente, se volvería inmenso. Como su muerte sería ignorada o dudosa ya no le preocupó la vergüenza de portar una bala en la sien. Caminó. Caminó dos días seguidos, lejos del pavimento y de pupilas y oídos ajenos. No pensó en lo que abandonaría y alcanzaría. No hasta que no se encontró frente a las improvisadas lápidas de raíces y ramas, tan cercanas al otro lado como él. No lo hizo hasta no haber sacado ceremoniosamente el arma del morral. En ese momento el instinto, todos esos millones de años de selección natural, lo atacaron desde adentro. Ningún cuerpo quiere morir, tal es nuestra soberbia esencia. Sus desesperadas neuronas (corazón, según varios) le trajeron recuerdos apresurados. Su pulso tembló mucho más de lo usual. El arma apenas colgaba de sus dedos. Su cerebro se encargó deliberadamente de rescatar de la memoria sólo aquello que lo hiciera dudar, aquello que alejara al metal del cráneo. Desolado, el artista luchó inerme contra esos engaños de la mente, esa tergiversación vital de la realidad. Pero no pudo, dudaba, estaba paralizado. Ante sus ojos se hallaban figuras que no eran las del bosque, momentos que no eran aquel. Recordó a su hermanito demasiados años atrás. Recordó también risas, ojos brillosos y caricias. Vio bellas mujeres que lo habían acompañado (mucho más bellas de como en verdad habían sido), y a otras a las que sólo había acompañado él, secretamente. Vio amigos saludándose. Perros esperando amos que no volverían. Una madre, quizás imaginaria, dando a luz. Recordó a grandes hombres haciendo grandes cosas, y a pequeños hombres haciendo pequeñas cosas. Y, tan confundido lo tenían sus secretas ansias de vida, que creyó que ambos tenían la misma importancia. Reparó luego con pesar en los pocos que lamentarían realmente su huída, a quienes vio sobredimensionados. Sí, remordimiento, eso también supo producir en ese momento su inconsciente. Le hizo creer que su vida aún podía ser útil, que debía serlo, e incluso que ya lo había sido. Le prometió felicidad (el viejo truco) y gloria. Grandes promesas acordes a las que su monstruoso amor propio requería para ser llenado. Pero tan grandiosas, que rebelaron su irrealidad. Con un esfuerzo repentino el hombre volvió a dominarse, estaba jadeando, arrodillado sobre la escarcha, otra vez frente al viejo bosque. Algo entre el cielo y el infierno lo esperaba. Levantó el codo, lo torció, apoyó el caño contra sus cabellos blancos. Cada milímetro de su cuerpo pujaba a la vez por combatir a la razón y al impulso, por mover y por detener al definitivo índice en su último movimiento. Todo en él dolía, sintió que podría morir antes de disparar. La lucha duró hasta el amanecer. Finalmente algo cedió y el estampido hizo volar un único pájaro. Único testigo. La bala penetró tan rápido, tan rápido destruyó y blanqueó su conciencia, que el hombre jamás supo si murió. Jamás supo que en él existía más fuerza que la acumulada durante milenios de evolución continua. No supo que en un instante de sobrehumana lucidez había vencido al instinto, a las generaciones y generaciones de supervivientes que lo habían precedido.

14/8/09

Yirando por Misiones ¡DOS!: mirando pa' Baires.

Retratar la nueva poética arrabalera, el nuevo arrabal. Retratar la épica, el misticismo, la suciedad secreta de la muerte y la vida entre las oscuridades actuales de Buenos Aires. La villa, el villero, el Uvita Fiesta, el paco, la sangre, la chapa, el perro costilludo y sediento de caricias, el arma robada, el honor, los dedos quemados, la prensado paraguaya, el cinturón, el nuevo inmigrante, latinoamericano.
Bersuit y el viejo arrabal están en los cimientos de esta “nueva” poética. Lo grasa-oscuro y lo Tango. Más atrás: cumbia villera, Borges, Macedonio, Max Cachimba, Breccia, Molina Vedia, Berni, Daniel Santoro, Policías en acción, murales de todo tipo, etc.
Tiene épica, tiene delirio, trasfondo, vacíos, símbolos y sobreentendidos, malentendidos, tergiversación, y uno mismo.
Mitología urbana, porteña y, sobre todo, actual. Cargada de pasado, de un oscurantismo militar y una extraña luz peronista.
Gente de tierras rojizas y/o verdosas, entremezclándose, garchando fiero entre la mugre gris del Río de la Plata, ano gigante a punto de expulsar nuevas formas, colores, combinaciones de palabras, íconos, arquetipos, orgullos, tradición futura: oscurecido realismo mágico.



83- Cachetazo/Nace: Catedral seca al sol, leguas sudorosas.

Al pasar frente a la iglesia, un baile se le desprende desde el interior del pecho, hasta la pierna y las cabezas.

Baila, sacude y despide sudor en toda dirección concebible, moja de su animalismo caliente, desenfrenado y desinhibido a antiquísimas estructuras y novedosísimos transeúntes, paseándose bajo ellas, en actitudes antiguas, con motivos nuevos, siempre nuevos, por emular superficies, actitudes originalmente impulsadas por otras penas, otras sonrisas, otra cosmovisión.

Pero él baila, acorde a su presente: sus retinas repletas de efectos especiales, y sus neuronas, mutiladas y revitalizadas por las mismas sustancias ilegales. Baila y ahoga.

Todos, al pasar, haciendo como que no lo ven, simulando, tal vez, desprecio. Todos, pasan y se relamen, recogen en sus paladares y órganos sexuales cada gota de sudor, para saborearla sin tapujos una vez en sus hogares, llenos de éxtasis y de paredes que lo oculten, al éxtasis.

Y él, que sus paredes ha demolido (sus más onda paredes, de neuronas ajenas) sigue y seguirá bailando. En un rito que, incomprendido, será alguna vez emulado. Por gente solemne y repleta de barrotes (dentro del cráneo) que convertirá esas libertades en Tradición, y se entregarán una vez más a la servidumbre. Sonrojándose ante el próximo libre.

84- El Fin.

Hay una hora de la tarde, más allá de la puesta del sol, cuando empezamos a sentirnos en la oscuridad total aún sin verla, aún viendo, en que el cielo, las cosas, están a punto de decir algo. Pero claro, en la ciudad casi no se lo oye, opacado de humos, relojes, puteadas y edificios diversos. Y si lo viéramos no lo entenderíamos, su grito. Yo no lo entendí jamás, aún habiéndolo oído y habiéndome extasiado ante él, sobrio o con ciertos humos en los pulmones.

Así, en esa duda misma, no siempre se Sabe, aún sobre uno, fui a parar a la esquinita. Rosada, esperaban nada ahí sentados, distrayéndose de sí mismos tetrabrik en mano, un par de los Hombres de la barrita. Ya ancianos, oscilantes, con sus bocas babeantes y sus ansias de demostrar hombría y ausencia de neuronas. Aún hacía sonar, desde elementos cada vez más pequeños y descartables, sus viejas cumbias y raggaetones. Pero no bailaban, oscilaban, culpa de la ancianidad y el paco. Esperaban.

Y llegué. Desde lejos viéronme, caminata singular, la mía, distinguible a varias cuadras aún a pesar de esa ceguera (tanto la momentánea como la menos momentánea, la que ocupa una porción de años), distinguible como la nube de humo, de cigarrillo (barato) detrás, olor a añejo, desde joven, otras épocas.

... - Tardaste en venir (dice, Él, atiborrado de barba, llagas y enorme ropa deportiva)
... - El tiempo, se me atravesó en el camino. Hubiese llegado hace años, si el éxito no me hubiese llevado por otros barrios.
... - Nos abandonaste, demasiado tiempo, sí. Y no sabíamos si volverías.
... - (callo, lo miro fijo)
... - Demasiado tiempo sin esperanza de que ese tiempo acabe…
... - Una eternidad, entonces, lo sé.
... - (ahora calla él, quiere saber si lo diré… o tendrá que ocurrir lo otro)
... - (no lo digo)

Desenvuelve, entonces, desde adentro de su bolsillo, su frágil mano de dedos carbónicos. Piña, desenvuelta desde arriba. Cubriéndome como puedo la cabeza, respondo, golpeo, me agarra, lo golpeo más, lo tironeo de la remera, ahora golpea él, sigo tironeando y casualmente ese movimiento termina en ceguera de su parte, lo empujo, cae.

La esquina ya se rodeó de gente, el barro, las ventanitas, las chapas frágiles se movilizan para mirarnos, brillan al compás de la escena. Azules, en esa penumbra débil, misteriosa, que empieza a ocultarnos. Sólo el cielo, sin horizontes a la mano, brilla un poco aún sobre la villa. Alguno piensa en defenderlo, pero la ancianidad les sobreviene… ¿para qué? Muere hoy o muere mañana.

Saco el cuchillo, enclenque, sin mango, todo óxido ya de papá. Desesperado de vida, trata de moverse, no puede, se ha fracturado nosequé en la caída, el empujón. Los años le pesan más que la borrachera o mi pie en su espalda. Garabatea movimientos en el barro, sacudiendo sus bracitos. No habiendo palabras válidas para este momento en la vida de los Hombres, responde con palabras de otros momentos, las que en su apuro es capaz de decir, las únicas que llegan a su mente, aunque hieran su honor, su desesperación abre toda posibilidad. Y dice aquello que, quizás, debería haber dicho yo.

... - Perdón.

Y lo degüello. Exhibo el fragmento del cadáver, el trofeo tomado de los pelos blancos, en la punta de mi brazo, ante la multitud. Acostumbrada juega su rol.

... - Recatate, gil. (a coro)

Sólo escucho ello, la voz del pasado regurgitada por cien voces, y al instante oigo, al fin, el fin: el mensaje del atardecer. Muero atravesado al instante por cada bala presente en la esquina. Ya ni rosada, ni azulada. Negra, vacía o infinita.
82- Sangre, chapa, cosmos y Havaianas.

Bien adentrado, en tierra de sangre y vicios,
toma su mate al compás de una baguala de pólvora.
Carga el gatillo y repite frases de su madre,
le dice algo al oído al que pronto será penetrado
por dos polvos.
Al oírlo, lo seduce la idea de una muerte en tremendo paisaje,
la baba le chorrea hasta los mocasines, se está ahogando en sí mismo.
El del arma, confundido, decide salvarlo:
matarlo es un honor; dejarlo morir, una deshonra.
Trepado a la cima de su mástil interno,
escupe sus neuronas sobre las del amigo,
y del golpe lo despierta del desmayo.
Toda su metafísica, sus penas y sus drogas sintéticas
yacen ahora en el pastito mortecino.
Un par de chicos, aspirantes de superestrellas y otras sustancias,
al pasar ríen, disparan sus piedrecitas e insultos
contra vencedor y vencido.
Huyen juntos, agotado el entreacto, dispuestos a volver
a las penas trajinadas de todos los días,
detrás de algún enorme cubo peronista de hormigón,
diciéndose que Menos Mal, que Más Bien.
Y los pibes los siguen de cerca, diciendo, creen, lo contrario.
El primer texto y todos los dibujos fueron hechos en un reciente viaje por Misiones. Varios de los dibujos fueron retocados (ínfima o considerablemente) en forma digital, una vez de regreso.
La calidad de los trabajos es de lo más argentina, por necesidad de cierta Extranjeridad para encontrarse.
Los otros tres textos son I.D.E.A.s

Y la "primera" parte de esta serie de ilustraciones, haciendo dos veloces clics acá mismo.

27/6/09

Foto Flogger: ¿de Estudio-posada o Documental-periodística-instantánea?

El siguiente texto lo escribí originalmente para la materia Medios Expresivos II, cátedra Groisman como parte de este proyecto de intervención urbana.

Reflecciona un poco sobre las características específicas de la "foto flogger" a través de un diálogo con "El instante decidido", texto de Alberto Carpo Cortés (cineasta argentino).

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Foto Flogger: ¿de Estudio-posada o Documental-periodística-instantánea?


Estaba Alberto “Carpo” Cortés charlando con sus lectores de Medios I cuando alguien lo interrumpió: una intelectual flogger que llegaba tarde (se había detenido demasiado tiempo ante su reflejo en la ventana de un auto para arreglarse en pelo).

- Perdón, perdón, siga por favor ¿De qué estaban hablando?

- Nombramos tres hechos que hacen a la caracterización del acto fotográfico: la reproducción de un hecho-objeto-situación a partir de la selección de un espacio (objetivo),…

- Selección de un objetivo, mmm… en nuestro caso (el caso de los floggers) siempre es el mismo: Yo. No hay mucha más elección al respecto.

- …de un tiempo o instante (obturador),…

- Y es que tampoco hay tan claramente en nuestro caso UN instante: los instantes a fotografiar son, a groso modo, todos. Se ponen en juego más decisiones al momento de escoger cuál foto publicar, que cuál foto tomar.

- …y desde un determinado punto de vista (perspectiva).

- Como en nuestro caso el fotógrafo y el fotografiado tienden a ser una misma persona los puntos de vista son acotados: el objetivo está generalmente a distancias chicas (menores a la extensión máxima del propio brazo, en cuyo extremo estará la cámara).A partir de esta obstrucción (distancia máxima: la extensión de mi brazo) se empezaron a desarrollar ciertos artilugios para hacer entrar dentro de cuadro más que el busto de una sola persona: fotos en picado (extendiendo el brazo hacia arriba) que nos tomen, de desearlo, de pies a cabeza; fotos frente al espejo de un baño, etc. Pero perdón, siga

- Tenemos dos universos que son el de la fotografía “de estudio” o “posada”, y el de la fotografía “instantánea” o “documental-periodística” (action picture).

- Disculpe mi insolencia, pero me parece un poco simplista esta división. Tenemos casos ambiguos: ¿en dónde encasillaría a una fotografía con fines periodísticos que documente un acto político diseñado para su futura aparición en TV y en esa o cualquier otra posible foto? ¿Y la foto flogger? ¿no responde a ambos modelos? ¿puede ser considerada realmente foto “instantánea”?

- Lo importante de una fotografía “instantánea” es captar el “instante importante”.

- Es que, si bien el acto de obturar aparece espontáneamente (y no como un lento cálculo, como en la foto “de estudio”), no existe exactamente ese “instante importante”, Carpo. No es el instante lo más importante: las condiciones de ese instante se alterarán inmediatamente ante la presencia de la cámara, ya que los modelos tomarán ciertas poses más temporalmente universales: menos específicas a ese instante, más reaparecibles intencionalmente en cualquier otra foto.

- Podemos decir que con la consumación de la instantaneidad se comienza a educar al lector en una nueva caligrafía fotográfica que incorpora la deficiencia técnica como elemento connotante de la imagen.

- Sí, concuerdo. Malos retoques de PhotoShop o Paint, por ejemplo, que evidencian que la postproducción de la imagen ha sido llevada a cabo por el mismo flogger (un amateur) y así contribuyen de algún modo a personalizar el espacio en que la imagen es expuesta. Por eso no sólo se toleran esos “errores”, sino que a veces hasta se hace énfasis en ellos.

- En cambio, en una foto de estudio…

- No, espere, espere, no terminé. Tengo más que decir sobre el por qué de la aparición del “error” fotográfico hoy en día (no es que sea nuevo, sino que sus por-qués van cambiando). Con cámaras fotográficas cada vez más baratas hay superpoblación de cámaras, con superpoblación de cámaras la hay de usuarios de las mismas (de todo tipo), y con el casi nulo gasto que acarrea la fotografía digital hay superpoblación de malos fotógrafos (ya nadie les impide disparar) , en consecuencia, de malas fotos, y como la distribución vía Internet se vuelve también fácil y gratuita, hay superpoblación de esas malas fotos en espacio público, visible por todos (todo esto no es característico sólo del flogger, sino de nuestro tiempo: en este mundo de la imagen accesible a todos termina prevaleciendo la cantidad antes que la calidad, y cada foto termina siendo una en un millón: pierde valor específico y capacidad de condensar toda una cosmovisión, termina valiendo como fragmento y como parte del todo, dando un pantallazo más acotado del mundo). Cualquiera puede sacar fotografías hoy, ya no sólo alguien con conocimientos específicos sobre el tema (la interfase de una cámara digital y la de cualquier otro dispositivo electrónico es muy similar). Esto se ve en nosotros, los floggers, se ve lo amateur de casi todas nuestras fotos y de los retoques digitales que les aplicamos. Pero estas deficiencias, como dije, no estorban: lo importante es reflejar el modo de ser del flogger (de ese flogger, pero también de todo flogger, ya que ser flogger no es otra cosa que una toma de posición para definirnos como individuos por oposición al resto). Este “modo de ser” incluye cualquier característica propia, o debería, y por lo tanto también cualquier falta de profesionalismo (en el habla, en la escritura, en la edición de imágenes, etc.), cualquier desfachatez. Es natural: en una moda-tribu urbana cuyos representantes nunca superan los 18 años la ausencia de profesionales es aún total. Lo importante en nuestras fotos (en todo nuestro accionar relativo a fotolog.com), además de esa cosa Romántica de reflejar el propio Ser, es simplemente Estar Ahí. Es importante marcar presencia en el mundo más allá del espacio privado (aún en los casos en que sólo nos visiten amigos nuestros: en la foto, en sus firmas, en los links en que figuremos, queda constancia de que Somos, por suerte). ¿Recuerdan aquella vieja teoría de los Idealistas (que llegó hasta nosotros primero a través de Lisa Simpson)? Aquella que decía que si un árbol cae y no hay nadie allí para percibirlo, simplemente no ha caído, no ha habido árbol en ausencia de espectador, (pues, como le gustaba pensar a Macedonio Fernández, el árbol es sólo su huella sensible en alguna psiquis, sin esencia más allá de ella). Bueno, hoy en día podemos decir que ese árbol tampoco existe o cae si sólo uno lo ve: debe filmarlo o fotografiarlo y colgarlo en Youtube, Fotolog, Facebook o el noticiero y recién ahí, quizás, el mundo le conceda existencia. En ausencia de una cámara y una audiencia masiva no somos nada. Pero bueno, siga, por favor, le prometo que no lo interrumpo más.

- En cambio, en una foto de estudio, o al menos no de acción, las reglas de diseño de una foto sí están más ligadas a las cuestiones de equilibrio (o desequilibrio) formal y de tratamiento de colores,…

- Tampoco es tan así.

- …ya que el lector “sabe” que el instante importante no es de la acción frente a la cámara, sino el de la decisión de obturar del fotógrafo. Sin duda, hay un tiempo de iluminación, elección de lentes, construcción de la perspectiva, etc., y ese “tiempo del fotógrafo” no debería nunca implicar un error técnico (salvo por cuestiones estéticas). Es el tiempo necesario para construir un instante.

- No, tampoco. Hay un tiempo de preparación, pero no de la foto sino del fotografiado. El acto de obturación suele mantener su carácter espontáneo, pero el fotografiado generalmente ha sabido de la potencial existencia de esa foto y se ha preparado para tal evento. La escena, hasta cierto punto, es artificial, ha sido diseñada. Esto emparenta a la foto flogger con la fotografía de estudio. Hay dos preparaciones que afectan sustancialmente a la foto y que no permiten considerarla tampoco como documento de un instante: 1- La elaboración del aspecto del flogger (ropa, peinado, maquillaje) que fue realizada con antelación previendo cualquier foto; 2- La elección (a medias instantánea, a medias prediseñada, nunca “natural”) de una pose, que sólo es tomada por el flogger ante la inminencia indiscutida de una foto en específico. Se toma una pose puntualmente para la fotografía, de modo que muy rara vez se llega a documentar un suceso que hubiese sucedido si la cámara no hubiese estado allí (estos sucesos aparece sólo de modo periférico, como parte del fondo, entre personas que no se han percatado de que están siendo fotografiadas). La situación general y el ambiente pueden (o no, ya que también organizamos sesiones de fotos donde, ahí sí, todo elemento es medido y se puede hablar de foto “de estudio”) ser “accidentales”, pero lo demás (pose, principalmente, look, en menor medida) existe casi exclusivamente para la foto. A veces la pose se reduce a una mueca que da un toquecito de “personalidad personal” y/o “personalidad flogger” (algunas expresiones se han ido estandarizando y pueden verlas en casi todo fotolog, como la boca en forma de “piquito”). Nosotros estudiamos previamente cómo salimos mejor en las fotos, cuál es nuestro mejor perfil, qué expresiones faciales combinan mejor con nuestros aritos o peinados, qué poses tienen más levante, etc. Y ante la presencia de una cámara adoptamos alguna de estas poses preconfiguradas. Es sólo otro modo más de manifestarnos exteriormente (así como las mochilas, el auto o la vestimenta para casi cualquier otro), o de seguir convenciones culturales (como la que “dice” que en una foto grupal de cumpleaños debemos sonreír a cámara; por ponerle un ejemplo más entendible por usted, señor Cortés).

- Cuanto más sugerida esté la existencia de un espacio en off (nuestro infinito mazo), mayores van a ser las interpretaciones secundarias que el lector tenderá a hacer de la imagen que…

- Nosotros no solemos tomar mucho en cuenta al espacio en off. En una foto flogger lo que ves es lo que hay, lo demás no posee más relevancia. No tienen peso nada más allá de lo visto a simple vista, ni en el espacio en off ni en simbolismos; no hay elementos ni relaciones de elementos que traten de significar algo más que ellos mismos (a diferencia de, por ejemplo, buena parte de la Pintura o de la fotografía social). El valor de nuestras fotos simplemente radica en colocar allí al fotografiado, y no en colocar a este en función de un mensaje más. Lo representado es sólo signo de sí mismo. Esto es lo que importa de la foto, de la firma, del fotolog: hacernos presentes ante otros, mostrar que estamos, que somos. Se me ocurre que es un camino no muy distinto del recorrido por el arte durante el siglo pasado (y un poco antes, y un poco aún hoy): pasando de representar otra cosa externa a la obra (pensemos en cualquier pintor expresionista o previo a ese movimiento, o en la pipa de Magritte que abre camino al próximo grupo) a simplemente señalarla (pensemos en el arte-objeto, el arte conceptual, Duchamp y sus Ready-mades, el tiburón en formol de Hirst) o a señalarse a sí mismo como objeto puro (pensemos en la escultura minimalista de los 70’s, sin simulacro, sin referencia alguna a nada más que ella como objetivo participante de la realidad, al menos en teoría).

- Cada medio tiene un estilo y cada estilo tiene sus fotos.

- ¡Al fin empezamos a entendernos! A eso me refería: ¡no podemos reducir todo a foto posada vs. foto instantánea!

- No hay medios ingenuos, todos tienen una intención en función de la cual son diseñados, y las fotos no escapan a esa regla.

- Sisi. Nosotros dos poniéndonos de acuerdo, creo que es un buen cierre, ¡te agrego a effes! Muá!

12/6/09

Mala literatura.

Algunas I.D.E.A.s (Intentos De Escritura Automática), que sólo valen como tales (como mucho):
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28 – La metáfora.
La poesía de la codificación no es sólo ruido, es traba, sí, para qué. Posibilidad probable recientemente evaluada por mí es la de evitar el entendimiento de quien no pueda entender, reduciendo el feed-back hasta las personas, o lectores incluso, que sean capaces de sentir empatía. Así nos ahorramos explicar vergüenzas ante el que no las comprende y ríe, y compartirlas gozosamente con quien las comparte, sin goce alguno. El problema a simple vista (no sé si hay vista carente de simpleza, o si la hay no carente de ella, pero prefiero seguir el protocolo) es el siguiente (aunque preceda a cualquier intento de expresarlo, preexiste a este texto, aunque aquí se lo descubra por usted, o sea que para usted desde aquí exista, pero creo que tenemos derecho a pensar que hay Verdad más allá de las meras verdades con que cargamos desde que somos capaces de formular algo): la metáfora, encriptar verdades por inapreciar su desnudez (o por los motivos previos, todo vale) es que se abren caminos de percepción, más de los adecuados. Ahora cada cosa no sólo significa la conexión entre lo que por sí sola significa y lo que quiero que signifique, sino todas las posibles conexiones entre lo que quiero, lo que es, y lo que quiera el receptor, que potencialmente es infinito (sobretodo si se domina el inglés). Lo que no es seguro (no es que no Sea seguro, todo es seguro en sí, digo que no es seguro en mí, pues tengo la habilidad de ignorar y carezco de la habilidad de no hacerlo) es que esto sea necesariamente puro estorbo, y no parte de la búsqueda (de existir tal cosa, que recientemente he negado). Me limitaré, una vez más, a la sabiduría tradicional: no sé.

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31 – Manifiesto I.

En medio del ocio aprendí, porque de otro modo no supe ser, a rastrear los orígenes de mí mismo. De no sé dónde aprendí que de mí, el origen estaba en, al menos, todo lo precedente, pues la red de causas y consecuencias no debe ser cortada arbitrariamente, mas que para simplificar respuestas: garantizar mentira: garantizar verdad. Esto ultimo es expresión de lo aprendido al rastrearme a mí en la historia, y verla, y ver que no hay Lo Seguro, no hay de lo visto más que lo visto: el ojo es todo: no hay objetividad, todo conocimiento es subjetivo y, bajotodo, fruto de irracionalidad; justificaciones (pseudo)racionales de un querer instintivo. Todas nuestras verdades que se pretenden descriptivas de lo exterior (postulación humana: lo exterior no se puede probar, no hay nada seguro más que: “pienso”, pero incluso la acción Pensar es discutible, quién sabe si es lo que creemos). Nuestras verdades, como mucho, son verdades como descripciones de nosotros, no nos expresan mas que a nosotros, no hay Mundo en nuestras palabras, no hay Mundo en Platón, Cristo, Nietzsche, etc. O, si lo hay, es pura casualidad. Podemos suponer posible, entonces, a partir de la observación de las tendencias evolutivas históricas y de algún que otro divague más: que entre todas nuestras verdades, no hay una sola verdad.
De todos modos, puede que sí.

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33 – Manifiesto II.

Subcutáneos son tantos gritos silenciosos. Son rugidos de animal (yo, usted, etc.) lleno de vacío, tan lleno de puro instinto como siempre; rugidos recubiertos con el cascarón del sentir y del pensar (cada uno más nuevo que el nombrado justo antes). Cada uno cada vez más grueso, más opaco, pero igual de gobernado por el gruñir, el tener hambre, el sentir sin motivo cognoscible deseos de perpetuarse a uno mismo (a uno mismo, como mero representante de la estirpe). Las casualidades nos diseñaron mentirosos, negadores del instinto por ser característico de la víctima: otro animal (humanos inclusive, sobre todo en pasados remotos; y hoy: bajo todo). La facilidad de supervivencia nos ha ablandado y poco a poco el círculo de pertenencia se agrandó, incluyendo cada vez más exterior, al compás de las exclusiones internas. Pero la practicidad ya le dirá no a la comprensión, y sólo quedará la contradicción (con todo lo que esto significa: cargar con más fuerza que siempre contra nosotros mismos) o la contradicción (pero eliminada de todo lo negativo que ella significa: ya como parte constitutiva del animal-no-animal, como parte inevitable del negador de orígenes y verdades subcutáneas <por qués y para qués>, y como primer síntoma de algo inmenso que también habremos de negar y admitir… como negable: moral). Conquistada aquella frontera, el más-acá, ya no sé qué nos quedará por llorar.

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50 - ¿Por qué condenamos tanto el uso de drogas materiales, y nadie alza su voz hacia el amor?

En lo que estéticamente creeré un acto heroico y medianamente único hacia la abstracción, hacia la idealización, la intelectualización del instinto, diré que, finalmente, ya no es la señorita L. E. la que ocupa (con tanta belleza y horror) el espacio dentro de mi cráneo, sino su par metafórico (previo a ella) llamado: María Iribarme. Así: la liberación. Así con sólo pasar páginas puedo estar completo, irritarme, sentirme feliz, torturarme, etc. Ya no hace falta que realmente lo haga, las emociones estarán atenuadas, claro, hasta q finalmente haga entrar a la versión “real” de María a mi vida, cosa que veo innecesaria y veo cuan perniciosa podrá ser, cuanto obnubilará mi visión, pero al fin y al cabo es sabido que lo haré, quedando cada vez más claro que el “amor” es una droga más. Que brinda emociones enormes, pero nos hace abandonar todo lo que construimos y, además, o como parte de lo mismo, provoca dolores increíbles, nos aleja de toda esa felicidad que en él buscamos… y aún así no dejamos de desearlo. Nada hay más poderoso que el deseo de desear, salvo quizás el de desear ser deseado. Pero, cabe preguntarse ¿por qué condenamos tanto el uso de drogas materiales, y casi nadie alza su voz hacia el amor? ¿Por qué no vemos campañas preventivas de algo tan hermosamente atroz? ¿Por qué, ante la sonrisa del enamorado, no nos sentimos mal por él y no le ofrecemos nuestra ayuda? ¿Por qué no internarnos preventivamente en una clínica, antes de que el amor nos vuelva locos o estúpidos?

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55 – Mi inverso exacto, Usted.

Hoy me construí un canasto de mimbre

Y de cristal:

Mi cajón. Me arrojé al Río de la Plata, desde la orilla que da a la península aún secreta que se extiende desde atrás de Ciudad Universitaria.

Me arrojé, nomás,

Y me dejé arrastrar por la corriente.

Morí algunas veces en el trayecto.

El sol me fue resecando la piel, las aves hicieron nidos con cada tramo de mí que se prestase (o no) para tal acción.

Con el tiempo,

Con no tanto tiempo como el humano-urbano promedio cree, pasé a ser algo diametralmente opuesto a Juan Martín García Guevara.

Quien me observó anonadado al encallar en alguna orilla no pudo verme, creo que ya definitivamente no era yo: el tiempo y la inacción me habían convertido en mi inverso exacto. Aquel ser humano vio en mí,

Seguramente,

Su reflejo.

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70- Esperando --: el deceso de todos aquellos que me Aman --: libertad.

¿Por qué me observás? ¿Qué te atrae de leerme? Fan. No nos basta con nuestras vidas queremos admirar las de otros. Y cuanto más decadentes, mejor, aunque parezca contradictorio.
La decadencia es dificilísima: demasiado Amor alrededor nos lo prohíbe. Uno tiende a creer que es más fácil el éxito que el fracaso: no es tan así. Tener una madre dificulta todo. Tener un padre, amigos, otros familiares, Pasado, etc., también, en menor medida.
El suicidio es mucho más complejo que el no-suicidio.
El Amor es, si lo que se quiere es la absoluta Libertad (incluida aquella que marcha en contra de uno mismo), la mayor y más pesada cadena.

Así que acá estoy, esperando el deceso final de todos aquellos que me aman más de lo correcto (que, como Madres, aman un ideal, un concepto, no un Ser y sus vicisitudes), y a los que, claro, también amo. Esperando Libertad.

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Madre mía: en tu espíritu encomiendo mis manos.

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71- Manifiesto III

Las cenizas.
Las armas de los ejércitos del destino son: nosotros.
Nuestros cuerpos, nuestra carne, nuestro semen.

Cenizas, será lo que quede, cuando al fin la batalla se emprenda.

Cuando la tensión se libere y almas y cuerpos se despedacen unos a otros.

Y, gane quien gane, sea ceniza.

Animales: la ceniza.
Pasado y futuro, lo bestial: alma o carne, razón o sin razón.
Son distintas lenguas del mismo lenguaje.